Su importancia cultural tiene que ver con algunas culturas, no muy conocidas, las cuales ocuparon esta área, pero que poco se sabe de ellas; zonas como las de Cuicuilco o Copilco dan fe del desarrollo alcanzado por aquellos hombres del horizonte Preclásico, época donde la señora tecpaneca de Coyoacán dominaba los barrios de Tenatitla y Chimaliztac, palabras que en náhuatl significan “Junto a la muralla de piedra” y “Escudo blanco”, respectivamente, en los comienzos del siglo XVI.
Convento del Carmen
Actualmente, el lugar alberga lo que alguna vez fue parte del huerto del convento de la orden de los carmelitas descalzos, una de las muchas congregaciones religiosas que fueran encomendadas de evangelizar a los diferentes grupos indígenas de la Nueva España.
El claustro principal del colegio tiene corredores bajos abovedados (con forma esférica o de bóveda), y carecen de altos, como en otros conventos. La sobriedad se manifiesta en las armónicas proporciones usadas y el juego del claroscuro producido por paños y molduras que a su vez, le proporcionan calidad estética meritoria.
En el lado oriente se encuentra la antesacristía y la sacristía, con artesonados mudéjares que guardan varios tesoros artísticos coloniales.
También son de interés los lavabos con su bóveda singular, que marcan el acceso a las criptas donde se exhiben doce cadáveres momificados, un poco parecido a lo que son las momias de Guanajuato.
En la planta alta se puede visitar los pasillos con las celdas de los frailes, la capilla doméstica (adornada con un retablo salomónico dorado) con su sacristía, el antecoro y la biblioteca.
Al concluir el ilustrativo recorrido por este convento, podemos visitar sus calles aledañas que se encuentran a un costado como Monasterio, la cual presenta una estética inconfundible gracias a que las paredes de muchas de las casas situadas ahí están construidas la misma forma y con el mismo material que el convento y el museo.
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